Para Vélez, el 2-1 de anoche fue el primer éxito en el Clausura; para Tigre, la dilatación de un comienzo de torneo contrapuesto con aquel estupendo, pero ya lejano, Apertura 2008.
Pese a ser un choque de no ganadores (dos empates para el club de Liniers, dos reveses para el de Victoria), hubo un gran clima previo en las tribunas. Que contrastó con el mal clima atmosférico: la lluvia de casi todo el primer tiempo dejó secuelas en la cancha. El suelo en el sector por el que atacaba Vélez dificultaba el traslado de la pelota.
Pero lo que más complicaba era la ausencia de los enganches: Martín Morel, en Tigre, y Maximiliano Moralez, en el visitante. A falta de sus Nº 10, ambos equipos recargaron el juego en sus Nº 9, Leandro Lazzaro y Joaquín Larrivey. Los circuitos creativos en general no prosperaron, pero así y todo hubo un desarrollo de ida y vuelta.
En esas condiciones, el mejor era Vélez, sustentado en Víctor Zapata y Nicolás Cabrera. Pero su superioridad se acabó con el tanto del local, a los 35 minutos: un tiro de libre de Sebastián Rusculleda en forma de centro dio con la cabeza de Néstor Ayala, el reemplazante de Morel, y se hizo imposible para el arquero Montoya. Una jugada similar, pero con una peinada de Norberto Paparatto, había terminado con la pelota afuera.
El Fortín reaccionó con una vistosa maniobra de Emiliano Papa y Zapata y el remate fue desviado al córner por Daniel Islas, y en la acción siguiente, el arquero salvó un cabezazo de Nicolás Otamendi. Pero la resistencia de Tigre no duraría mucho más. Rusculleda tomó a Cabrera en el área y, a los 44, Hernán Rodrigo López igualó el marcador de penal. Era un 1-1 más justo para un Vélez que había tenido supremacía.
El segundo tiempo fue bastante opuesto. Comenzó mejor Tigre, que amenazó con un cabezazo de Lazzaro, y cuando parecía
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